4 jun. 2017

Viajar en tren

1 comentario:
Viajo en el tren Roca hace más de una década. Cuando era chica solía frecuentarlo con algo de miedo: había mucha gente extraña y el entorno reflejaba una realidad alejada de lo que era mi hogar.
Ahora, y después de empezar a estudiar (y tener que viajar varias horas para eso), comencé a pasar más tiempo sentada en el tren que en mi propia casa. Todo eso que era ajeno y desconocido, en un par de meses se volvió parte de mi vida diaria.

Como estudiante de ciencias sociales a veces convierto los espacios que visito en campos y objetos de estudio. En este caso, el tren Roca se volvió mi lugar favorito de observación (una porque no me quedó otra y dos porque lo que pasa allí dentro refleja claramente lo que le ocurre a nuestra sociedad).
La comunicación visual es alta, los intercambios de palabras son escasos, los pensamientos son fuertes y, si es posible, se evita cualquier contacto físico (incluso cuando a la mañana el tren está lleno y viajamos todos apretados). Los únicos que hablan en este espacio público son los vendedores ambulantes.

Recuerdo lo distinto que era todo antes: un vendedor era un pobre desgraciado que no le quedaba otra que vender algo en el tren. Capaz llegabas a Constitución y solo te cruzabas con dos o tres en el viaje... siempre eran los mismos. Este año se ve todos los días a un vendedor nuevo, uno detrás del otro. No pasa un minuto que el de atrás ya está presentando, por diez pesos, con esa voz llamativa y vibrante, un producto superador al anterior.

Mujeres y hombres que ofrecen cosas baratas, más gente y niños que pasan a pedir plata a cambio de los que sea.. lo curioso de todo esto es que a medida que pasó el tiempo se fueron multiplicando.
Ver y comprarle algo a uno de ellos se volvió tan natural que nadie notó el aumento de sus presencias. Antes podían caracterizarse como los "pobres" y hoy en día ya son como un trabajador más. En conclusión, las condiciones laborales no dejaron de deteriorarse hasta llegar a considerar lo más precario en un laburo. Dolorosa realidad.




¿Por qué hay más vendedores ambulantes en el tren?
¿Será porque les gusta, porque decidieron eso para su vida? ¿Será porque se dieron cuenta de que vendiendo dos alfajores por diez pesos ganan más en un mes así que con cualquier otro trabajo? ¿Será porque quedaron desempleados... o no llegan a fin de mes y buscan otra alternativa?
¿Hace cuánto existen los vendedores ambulantes en el tren? ¿Acaso su existencia es culpa de los gobiernos? ¿Culpa de la sociedad? ¿De ellos mismos?

Cuando estaban los trenes viejos sus presencias no predominaban de la misma forma que hoy con los trenes chinos (qué lindo que por lo menos ahora viajamos en carcasas nuevas). Gracias Cristina y Randazzo, por impulsar esta reprivatización del ferrocarril y haber descartado una reindustrialización en el país dirigida y controlada por los propios trabajadores. Pero no, pactaron y permitieron más desempleo y atraso por un negocio con China: te entregamos máquinas (tranqui, no hace falta que las fabriquen ustedes) a cambio de explotarte el sur.

Trenes nuevos, más pobreza y desempleo.

Los que viajamos en el tren seguimos viajando igual (o peor). La apariencia de lo nuevo no significa nada, es solo una superficialidad para contener el dolor y la bronca del aumento de las tarifas y la continuidad del ajuste que sigue el gobierno actual de Macri. La gente que pasa a pedir plata creció cuantitativamente y los vendedores ambulantes son cada vez más. Los gobiernos pasaron y están... mientras tanto el Roca sigue reflejando la descomposición del Estado y el régimen social que nos controla y condiciona día a día.

No podemos mejorar sin una real transformación social. Las reformas (con los gobiernos que estuvieron y quieran estar) solo contienen esta descomposición capitalista que vemos y vivimos todos los días: en el tren, en las calles, en nuestro bolsillo, en el mundo... y en el resto de la humanidad. Porque el poder lo siguen teniendo ellos.

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